Le desafío a un duelo…


Ha ofendido usted mi honor, y por tanto… ¡le desafío a un duelo! Sé que a usted le gustan los duelos a espada, o le gustaría poder resolver sus problemas así, como los hombres auténticos del pasado, esos hombres valerosos de verdad ¡no como ahora! Ahora la gente pretende resolver sus disputas mediante el diálogo, o en el peor de los casos, en los juzgados. Nada, nada, mariconadas varias. Así pues, y envolviéndome en una mancillada bandera de Andalucía y en representación de los andaluces, yo, modestamente, le desafío a un duelo. El lugar lo elijo yo. En frente de la Casa de Dueñas, donde pasara su infancia el genial Antonio Machado (que tanto escribiera en contra de la España que usted sigue representando). Las armas, da igual, que sea un combate limpio, nada de golpes debajo de la cintura. Yo estoy dudando para el reto entre mi espada láser o una cimitarra. Ya veré.

Así que don Cayetano… ¡Prepárse para morir!

El motivo del reto lo sabe usted bien, pues por la boca muere el pez. Acusa usted de vagos a los andaluces, de no querer progresar ni estudiar, de vivir bien en la cultura del subsidio. Y esto quizás sea algo gracioso cuando precisamente su familia vive de las subvenciones que llegan de la Unión Europea. Posiblemente esto no sea  culpa suya, es la PAC quien lo  establece, pero querido caballero, no se regodee usted en ello. Bien, yo no me voy a poner de ejemplo, pero creo que le pueda servir de ejemplo. Yo, como tantos otros repito, llevo años estudiando muchos años para poder progresar y conseguir mejorar, no sólo a nivel personal, sino para poder ayudar a progresar al resto del pueblo andaluz. No sé usted, mi lord, pero yo, como tantos otros, repito, sé lo que es trabajar en el campo, lo que es colgarse un saco y recoger fruta durante bastantes horas al día, o lo que es pasar muchas más horas de las supuestas normales durante un día en un almacén cargando cajas. Otros andaluces saben lo que es pasarse horas y horas tras la barra de un bar aguantando sabe Dios qué, para ganar unos míseros euros.

Pero volvamos al campo, donde tiene usted sus cortijos, por los que se paseará usted a caballo, entrenando para su, no lo dudo, dura profesión. ¿Sabe usted las horas que tienen que trabajar los jornaleros para ganar un mísero subsidio que les permita vivir con dignidad? Muchas, mi señor, muchas. ¿Cuántas horas trabaja usted para recibir los millones que recibe? Me imagino que poquitas. O quizás es que usted piensa que los jornaleros ganan mucho en el campo. Vuesa excelencia quizás desconozca esto, pero lo que se conoce PER o subsidio rural, ha conseguido dotar de vida a los municipios rurales de Andalucía, de permitir vivir con cierta dignidad a miles de campesinos, y sobre todo ha permitido que sigan existiendo muchos municipios de Andalucía que sin esa ayuda habrían desaparecido hace mucho tiempo. Mire usted, la Baja Andalucía, donde usted tiene sus mayores posesiones aquí, no reúne las mismas condiciones de estructura de propiedad de la tierra que por ejemplo la zona de Andalucía o Granada. Eso debe saberlo usted. Aquí hay grandes latifundios que nisiquiera son trabajados y que reciben miles y miles de euros precisamente por eso, por no cultivarlos, para no saturar el mercado. Y allí vemos crecer el trigo, el maíz o simplemente los jaramagos. Frente a ello, vemos tierras donde se cultivan productos más comerciales que no reciben ni un solo euro de las instituciones europeas. Su tierra, mi señor, no genera riqueza a Andalucía más que la que le genera a su familia. El PER, señoría, ha evitado la reforma agraria que a lo mejor hubiera dejado a su familia sin propiedades rurales por aquí abajo. Además no sea necio, el PER es algo defendido incluso por los empresarios, pues les permite pagar sueldos algo más bajos a los jornaleros, mientras les permite mantener un aceptable nivel de vida a los trabajadores.

Es cierto mi lord, que el PER tiene muchas deficiencias, como las tienen las ayudas que llegan de Europa. Es cierto que hay movimientos que no son del todo limpios, como compra – venta de peonadas. Lo es. Pero… ¿quién es usted para criticarlo y a partir de ello decir que los andaluces no queremos progresar? Pues permítame que le diga, con todo el respeto, su excelencia, que nadie. Y ahora dirá que quiere mucho a Andalucía… Querer Andalucía no es simplemente decirlo. Es ayudar a su progreso, no simplemente asistir a la Feria de Sevilla o a la Semana Santa. O que la gente jalee a su simpática madre, la duquesa descalza. O salir de rey mago… Quiéranos usted menos y genere más puestos de trabajo. Pero volviendo a la idea principal: usted desde lo alto del caballo no es nadie para criticar a los andaluces que nos dejamos los cuernos para intentar salir adelante.

La crisis económica que tenemos entre manos no la hemos generado la gente de abajo señor. Pero hay algo a lo que si han ayudado familias como la suya, los grandes terratenientes con residencia en Madrid. Y no es algo nuevo, algo que proviene del siglo XIX que tanto le gusta a usted. Recuerde usted que entonces era frecuente que el capataz del gran propietario acudiera a la plaza de pueblos de Sevilla, Cádiz o Huelva, donde se amontonaban los jornaleros, expulsados en muchos casos de sus tierras por las reformas liberales – tipo desamortizaciones-. Allí ese señor elegía a quienes ese día iban a tener la suerte de poder trabajar por un mísero jornal, durante jornadas laborales infinitas, para enriquecimiento de una burguesía arcaica que seguía con la mentalidad señorial, pero que luego no invertía en esas mismas tierras para mejorar sus sistemas de trabajo. Quien trabajaba ese día bien, el que no… a seguir esperando a que llegara otro capataz para trabajar, y si no, pues nada, a pasar hambre. ¿Son esos los vagos andaluces su excelencia? Además no olvide que los andaluces hemos levantado otras regiones de España, como Cataluña o Levante. Así de vagos somos. Señoría, siempre han existido las clases.

Nada más señor, creo que no se me olvida nada. No olvide por lo tanto usted su florín, que yo por si acaso ya me he apuntado a clase de esgrima. Afectuosamente me despido de usted.

PD: Se rumorea por ahí que es usted uno de los Reyes Vagos del vídeo promocional del ayuntamiento de Sevilla.

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